Por qué ‘Ginny y Georgia’ ofrece una oportunidad de diálogo a los padres con hijos adolescentes

Por qué ‘Ginny y Georgia’ ofrece una oportunidad de diálogo a los padres con hijos adolescentes

Cada vez que se estrena una serie de adolescentes con temáticas complicadas (consumo de sustancias, conductas autodestructivas, un sentido de la sexualidad muy libre entre menores de edad), la reacción es ofensiva: criticar el contenido, analizar cómo afecta a la juventud en cuanto a referencia, preocupación por su influencia ya menudo culpar la obra de problemas reales. Aquí están Por trece razones, Euforia o la siempre dicha Élite para demostrar estas actitudes del público adulto. Pero se pierde de vista una dimensión: el potencial de las series como herramientas para establecer un diálogo constructivo con los adolescentes. ginny y georgia de Netflix representa a la perfección esta oportunidad.

Su punto de partida puede llevar a malentendidos por sus similitudes con Las chicas Gilmore, una de las series más reconfortantes de la historia del medio. Georgia (Brianne Howey) se instala en una ciudad tranquila con su hija adolescente Ginny (Antonia Gentry) y su hijo menor Austin (Diesel La Torraca). Ella lleva toda una vida moviéndose de un sitio a otro con sus hijos a cuestas después de ser madre adolescente, no tener el apoyo familiar necesario y tener que sobrevivir como pudiera. Pero, después de una vida entera huyendo de problemas, madre e hija tienen dificultades para adaptarse a la estabilidad en esa comunidad apacible.

Se pierde de vista el potencial de las series como herramientas para establecer un diálogo constructivo con los adolescentes

Si decía que su premisa puede provocar malentendidos es porque, mientras temática y formalmente repite patrones de comedias dramáticas sentirse bien de la televisión, en realidad este molde se lleva a tramas duras y problemáticas. La dinámica entre Georgia y Ginny, por ejemplo, está tan marcada por la comedia como por la toxicidad de su relación, que no conoce límites. Cuando en el instituto Ginny tiene con una amiga, no se entra en una dinámica cómica sino en un bullying considerable que se arrastra en buena parte de la segunda temporada, que está siendo un éxito imprevisto en la plataforma con 343 millones de horas vistas entre sus suscriptores en sus primeros 11 días en el catálogo.

Entre las amistades de la chica, se puede ver un caso de alteración alimentaria. Mientras que el espectador es consciente de ello, Ginny no detecta los indicios cuando su amiga vuelve a la mesa del bar con los ojos enrojecidos y retocándose los labios. También hay un caso de depresión que se oculta bajo una fachada percibida por los demás como “va de artista torturado” cuando en realidad sufre en el interior de su habitación. Y, además, Ginny participa en acciones autodestructivas: cuando la ansiedad la supera, se quema la pierna con el mechero como si así rebajase su frustración.

Ginny (Antonia Gentry) canaliza su frustración quemándose la pierna con un mechero.

Ginny (Antonia Gentry) canaliza su frustración quemándose la pierna con un mechero.

NETFLIX

Sin entrar en la calidad de la propuesta, que está entretenida pero tiene problemas para encajar su faceta más simpática con la contundencia dramática de los conflictos, Ginny y Georgia ofrecen una oportunidad para el diálogo intergeneracional. El problema, de hecho, casi nunca son los contenidos en sí mismos sino las dificultades o el desinterés de los adultos por saber qué ven sus hijos, sobre todo ahora que hay pantallas en todas las habitaciones de la casa.

Una serie como Por trece razones, centrado en el suicidio de una adolescente, no tiene que verse como perjudicial (¿por qué pedimos a la ficción que sea didáctica?) pero sí puede ser problemático si la consume una persona joven en una situación emocional vulnerable, sin el apoyo correspondiente y sin acompañamiento. Pero, ante la actitud habitual de querer pensar que los verdaderos conflictos ocurren solo en la ficción o en casa de los demás, series como ginny y georgia nos enfrentamos a las emociones superlativas de la adolescencia, sus consecuencias más drásticas, nos abren los ojos, nos ponen en estado de alerta y nos brindan una ocasión orgánica de tocar temas sensibles con nuestros seres queridos.

Series como ‘Ginny y Georgia’ nos abren los ojos, nos ponen en estado de alerta y nos brindan una ocasión orgánica de tocar temas sensibles con nuestros seres queridos

'Ginny y Georgia' pone de manifiesto la necesidad de buscar la ayuda de profesionales, algo que le cuesta asumir a la madre.

‘Ginny y Georgia’ pone de manifiesto la necesidad de buscar la ayuda de profesionales, algo que le cuesta asumir a la madre.

AMANDA MATLOVICH/NETFLIX

Porque Ginny y sus amigos nos recuerdan todo aquello que puede pasar cuando un adolescente cierra la puerta de su habitación. Georgia, al igual que la mayoría de padres, no imaginaría nunca que su hija se está marcando la piel con la llama del mechero. Los personajes pueden tener problemas para comunicarse pero, con este incómodo conflicto, la creadora Sarah Lambert abre una vía de comunicación entre quienes están viendo la serie.

Los personajes pueden tener problemas para comunicarse pero, con este incómodo conflicto, la creadora abre una vía de comunicación entre quienes ven la serie



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