Experiencias motivacionales

Experiencias motivacionales

Visitar una ciudad, seguir un camino guiado o yacer en una playa son opciones que cada vez seducen a menos viajeros. Nos planteamos nuestro tiempo vacacional como un descanso en el que

ponernos retos, y no hablamos solamente de los deportivos. El desafío puede ser un trekking, bucear con tiburones, aprender de primera mano cómo se recoge el arroz en un delta del sudeste asiático o vivir unos días como un local en cualquier parte del mundo. El turismo vivencial está en auge y ofrece propuestas para todos los paladares, aunque es cierto que las deportivas son una apuesta ganadora.

EL AGUA COMO MEDIO

España, con aproximadamente 8.000 km de costa, 34 ríos principales, cordilleras, valles y mesetas y una orografía de lo más diversa juega con ventaja para consolidarse como un destino privilegiado para el turismo deportivo, sea como opción de ocio para particulares o en la organización de eventos a cualquier nivel. El sector náutico es, por descontado, la opción hoy por hoy triunfadora. No podía ser de otro modo: puertos deportivos jalonan nuestras costas y lagos, pantanos y cauces fluviales se plantean cada vez más las actividades en el medio como una forma de rentabilizar sus aguas y de visitantes atraer a puntos alejados de las rutas habituales, siempre que la sequía lo permita.

Lograr afianzar las propuestas deportivas, diversificar el territorio, utilizar las como palancas de desarrollo económico en zonas alejadas de los destinos habituales y hacerlo mantener la sostenibilidad como referencia es uno de los retos principales que se plantea hoy la industria turística. Valgan como ejemplo las Vías verdes, trazados sobre antiguas vías de tren abandonadas aptas para la circulación a pie, en bicicleta oa caballo, que han recuperado, entre muchos otros, el camino del aceite en Granada, el del hierro y el carbón en Girona, o la ruta de la plata en Salamanca. Hoy hay registrados 132 de estos itinerarios.

EN LA PIEL DE OTROS

Cultivar los propios alimentos, aprender a hacer pan, pasar unos días viviendo en una haima en el desierto tunecino o acompañar a la ganadería en su trashumancia hacia pastos frescos en las zonas altas de los Pirineos son algunas de las muchas posibilidades para quienes quieran aprovechar las vacaciones para tener una experiencia inmersiva en una realidad que no es la suya. Un modo como otro de evadirse de la propia, de vivir unos días bajo una piel prestada.

La observacion de aves esta en alza

La observacion de aves esta en alza

iStock

Se trata de dar cabida en las opciones vacacionales a una nueva realidad en la que la originalidad, la autenticidad, la recuperación de valores perdidos o el descubrimiento de nuevos modos de diversión también tienen su espacio. Es lo que el sector ha englobado bajo el epígrafe “turismo vivencial”. Opciones que tienen en común una filosofía que se sustenta en dos pilares: la sostenibilidad de sus propuestas y el respeto por los destinos, sus personas, sus creencias, su modo de vivir y de entender el mundo.

Arar el campo, vender el trigo o hacer cerámica formar parte de las nuevas experiencias

Triunfan todas las propuestas ligadas a la gastronomía, ya los sectores agrícolas, ganadero y pesquero sobre los que se sustentan. Tienen cabida desde el enoturismo al citroturismo pasando por conocer de primera mano las artes de pesca tradicionales o aprender a varear la aceituna en los campos de olivos jerezanos. El contacto con la naturaleza es otra de las bazas ganadoras: recuperamos la observación de estrellas lo que representa una oportunidad de oro para los observatorios gastronómicos; nos damos “baños de bosque” intentando empaparnos del olor a tierra húmeda y madera y nos apuntamos a observar aves (ornitología).

La salud y el bienestar son valores también en alza y muy ligados a todas las propuestas anteriores, y la razón de que los tradicionales baños termales repartidos por todo el territorio vivan una nueva época de esplendor, tras languidecer durante años como destinos casi exclusivos para la tercera edad y clientes con dolencias.

Nos damos “baños de bosque”, intentando empaparnos del olor a tierra húmeda y madera, y hacemos ‘birdwatching’

Y es que hoy aprender a arar el campo, vender el trigo, hacer cerámica o echar una mano a una comunidad local en Nepal son, sin duda alguna en nuestra sociedad tecnificada, propuestas rompedoras. Sin embargo, este segmento del negocio se sustenta en buena medida en las capacidades de comunicación que la tecnología ha puesto a nuestro alcance. Espacios digitales donde compartir o intercambiar vehículos y viviendas, los foros en los que poner en común experiencias o espacios web desde los que promocionarse están a menudo tras el auge de opciones que en muchas ocasiones triunfan al margen de los canales habituales de la industria turística y suponen una opción de negocio novedosa para zonas geográficas donde antes no la había.



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