Crítica de «Sky rojo», tercera temporada

Crítica de «Sky rojo», tercera temporada

nueva vida

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Traca final, o al menos eso parece. La tercera temporada de la serie española de Netflix deja todo bastante rematado, aunque si un proyecto tiene mucho éxito, los guionistas pueden resucitar cualquier cosa. En estos ocho capítulos ejerce como narrador uno de los villanos, Moisés, en sustitución de Coral, que contaba su historia hasta ahora. Tras escapar con el dinero de su antigua proxeneta, Romeo, las ex prostitutas Gina, Coral y Wendy han iniciado una nueva vida bajo identidades falsas en Almería, donde se han convertido en pasteleras. Por desgracia, la primera comete el error fatal de llamar a su madre para contarle que se va a casar con Tony. Ignora que Moisés y Romeo tienen pinchado el teléfono, por lo que pueden rastrear su ubicación y encontrarlas.

No daba mucho de sí la ficción creada por Álex Pina y Esther Martínez Lobato, que en las dos anteriores tandas de capítulos repetía el mismo esquema: a las protagonistas estaban a punto de pillarlas sus perseguidores, pero conseguían escapar una y otra vez. Los ocho capítulos finales no aportan grandes novedades, por lo que se agradece que se ponga punto y final. Se supone que denuncia la explotación sexual de las mujeres y la lacra de la prostitución, para darle un compromiso comprometido a un producto que sin embargo abusa de las secuencias subidas de tono, sobre todo en los flash-backs del pasado donde los personajes centrales se entregan a las practicas sexuales mas duras.

Salvo por alguna pequeña incorporación, como Xavi Lite, que da vida a Toni, los protagonistas siguen siendo los mismos. Con personajes caricaturescos con los que resulta difícil identificarse, hasta el siempre brillante Asier Etxeandia fracasa como Romeo, malo de opereta. Por lo demás, Miguel Ángel Silvestre repite sus gestos de siempre como Moisés, mientras que el trío formado por veronica sanchez, Lali Espósito y Yany Prado fracasa tratando de dotar de un mínimo de simpatía a los protagonistas. Sí que se aprecia que se ha cuidado bastante la factura técnica, pero esto no salva del naufragio a un material carente de interés.

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