Los silencios de Pío XII, por La Vanguardia

Los silencios de Pío XII, por La Vanguardia

Hoy ningún historiador bien informado sostendrá que Pío XII fue pronazi, entre otras cosas porque él contribuyó a redactar la encíclica de Pío XI Mit Brennender Sorge , que condenó algunos aspectos raciales de la ideología hitleriana. Tampoco fue simpatizante de Mussolini. Eso no obsta para que tanto Pío XI como su sucesor valoraran que el duce había firmado los Pactos Lateranenses —por los cuales nacía el Estado del Vaticano— y el Concordato de 1929, ventajoso para la Iglesia en Italia.

A los dos papas les preocupaban el nacionalsocialismo y el comunismo. El enemigo número uno era, sin embargo, el comunismo, cuyo triunfo, según Pío XII, habría supuesto la desaparición del cristianismo occidental. Nadie sabía cómo acabaría la Segunda Guerra Mundial. Conviene retener esta idea para explicar en parte los silencios de Pío XII. El papa pensaba que si la ganaba Hitler desaparecería la gran amenaza de la Unión Soviética, y, en esta suposición, la Santa Sede intentaría moderar el anticristianismo del nazismo y hasta su doctrina totalitaria, y de rebote se podría hacer eso mismo con Mussolini.

Para Pío XII, el gran enemigo del cristianismo occidental era el comunismo

Vino la anexión de Bélgica, los Países Bajos y Luxemburgo. Pío XII se solidarizó con sus soberanos. Y serían invadidos varios países de Europa, algunos de tradición católica, como Polonia, Austria y Croacia, y el papa calló. Y el pontífice finalmente creyó en las noticias que le llegaron sobre la cuestión hebrea, y calló. Eso no quiere decir que no hizo nada: eligió la vía diplomática y la del salvamento de tantos judíos como demostró los archivos vaticanos recientemente abiertos.

Con respecto a la Italia bombardeada por los aliados, el papa presentó una destacable acción diplomática cerca de Roosevelt y también de Churchill y Eisenhower. Por varios caminos intentó no provocar a Hitler y Mussolini y negoció en secreto con los aliados.

Papá Pío XII

El papaPío XII

LV

Pocos mandatarios se habrán encontrado con presiones tan fuertes como las que recibieron Pío XII de presidentes de gobierno, diplomáticos y representantes de los judíos que le urgían insistente y dramáticamente que denunciara las atrocidades de Hitler. Guardó silencio, pero no siempre. Estaba convencida de que en alguna ocasión –en determinados mensajes radiofónicos navideños, por ejemplo– se había expresado claramente.

Pio XII, sobre todo, calló porque él mismo se había impuesto la misión de devenir después de la guerra el pacificador del nuevo orden mundial. Hablar públicamente a favor de unos u otros habrían deslegitimado esta tarea. La Santa Sede tenía concordatos con Mussolini y Hitler que, de alguna manera, salvaban la presencia y la acción de la Iglesia en los territorios que aquellos gobernaban. Para evitar daños peores, el papa se daña en una neutralidad obsesiva. No quería debilitar a Hitler por miedo a una victoria rusa. Además, en Italia y en Alemania había fieles abiertamente favorables al fascismo y al nacionalsocialismo, y lo mismo ocurría en la curia romana. Prominentes eclesiásticos defendieron a Mussolini, como el padre Gemelli o el arzobispo de la mayor sede episcopal italiana, el cardenal Schuster.

¿Por qué estos silencios de Pío XII? No fue por debilidad por lo que calló. Pacelli no era un hombre débil. Churchill dijo de él que era una personalidad “noble y fuerte”. Si Pío XII llamó públicamente sobre la cuestión hebrea, además de estar convencido de que hablar habría sido una acción inútil y perjudicial para los propios judíos y también para los católicos, fue para no comprometer su misión de pacificador. ¿Conocía el internamiento en los campos de concentración de tantos sacerdotes y religiosos polacos, alemanes y austriacos? Claro que sí. ¿Por qué no protestó cuando sus sacerdotes perdían la vida? Pues por la misma razón que no lo hizo respecto a los judíos. En lo tocante a los judíos, el papa optó por la acción diplomática y benéfica. La apertura de los archivos vaticanos prueba mucho más de lo que ya sabíamos de esta obra silenciosa del pontífice. Lo vemos con el estudio de Johan Ickx sobre Pío XII y los hebreos o el de Cárcel Ortí sobre Pío XII y España.

En los temas que comentamos, podemos preguntarnos si al mismo Pío XII, que trabajó por la paz y para la Iglesia en aquel mundo convulso, quizás le faltó algún punto más de vivacidad profético.



Fuente

¿Te gusto el artículo? Compártelo

Share on facebook
Share on twitter
Share on linkedin

Publicaciones Relacionadas