Desaceleración económica española en 2023

Desaceleración económica española en 2023

La rebaja de cotizaciones y de la presión fiscal a la pequeña empresa es clave a la hora de entender y de auspiciar al colectivo más desdeñado y vilipendiado por parte del laborismo más revanchista.

Aligerar estas cargas atraería más talento y elevaría la productividad de la pyme española. Las cargas laborales y la presión fiscal que soporta la pyme española se han convertido en los principales problemas al crecimiento del tejido empresarial. Las empresas pequeñas asumen cargas laborales y fiscales mayores que las de mayor tamaño, el sistema tributario bloquea el crecimiento de las pymes, que tienen que hacer frente a las terceras cotizaciones sociales más elevadas de Europa, junto a un impuesto de sociedades e IRPF de los más altos del continente.

El año 2023 a priori nos traerá un sensible frenazo en el ritmo de crecimiento de la española -que despertará un 1,1%-, y una suave mejoría en la evolución de los precios, que podrían situarse en el 4% en junio próximo . De esta forma, España no recuperará en 2023 el producto interior bruto que tenía antes de la pandemia. El ejemplo más claro que tenemos entre manos es que en Europa las cotizaciones que paga un empleado son al menos 10 puntos porcentuales más bajas que en España. Si la comparativa se realiza con el impuesto de sociedades, surgen los problemas debido a las diferentes particularidades y deducciones que hay por países. Si exclusivamente se analiza el tipo general del impuesto, España con un gravamen del 25% se sitúa en la banda alta.

La empresa de menor tamaño es menos eficaz en las deducciones y le afecta más la alta fiscalidad directa. Unas cotizaciones más altas, junto al SMI más elevado proporcionalmente con el salario medio, que supera el 54%, encarece directamente el coste laboral de las pymes, que precisamente es donde se concentran los salarios más bajos debido a su baja productividad. La pyme española es un 24% más pequeña que la media europea. A modo de ejemplo la empresa alemana triplica el tamaño de la española y la británica la duplica. Esta circunstancia provoca que la empresa española sea menos productiva que otras europeas y por lo tanto crezcan menos al invertir, es decir: Lo sabemos pero no hacemos nada. Todavía se espera a todos los organismos subvencionados que apoyan al trabajador desde los despachos y marisquerías y con salarios más altos que la media europea. Allí el SMI no aparece. La sinopsis más concluyente: Atrae y retiene menos talento e innova menos que las que tienen más tamaño.

Una empresa europea tiene de media 6 ocupados, mientras que una española cuenta con 4,8 trabajadores. Converger al tamaño europeo, provocaría mayor productividad para el conjunto del país ya que el 99% de la empresa española son pymes. La ralentización de la actividad económica vendrá dada, principalmente, por la caída de la demanda de las familias, tanto de consumo como, especialmente, de la compra de vivienda.

En cuanto a las empresas, su situación económica y financiera es calificada como regular, además, esperan que se vaya deteriorando en el corto plazo. De cara a los próximos seis meses, se prevé una disminución de la inversión productiva de las empresas y de la creación de empleo. No obstante, su mejor situación relativa en comparación con la de las familias se sustenta en la evolución de las exportaciones.

Una situación que se está viendo beneficiada por la depreciación del euro frente al dólar. Cuando optamos por pensar en el tipo de acciones que se podrían llevar a cabo para combatir la inflación, se apuesta por un mix que incluye reformas estructurales y políticas de oferta que impulsan la innovación y la productividad, por impulsar el diálogo con las empresas para saber qué medidas pueden contribuir a reducir su exposición al repunte generalizado de los costes de producción. Si ponemos la lupa sobre España, se considera que todavía es demasiado pronto para saber si el aumento de la inflación en nuestro país adquirirá un mayor carácter estructural preocupando en desafuero el incremento de los precios de la energía y, en segundo, la subida de los costes salariales.

En cuanto al efecto que pueden tener los Presupuestos Generales de 2023 sobre la evolución de los precios, el repunte de la presión fiscal y de las cotizaciones sociales añaden nuevos costes a las empresas y, en consecuencia, sobre la inflación, echando de menos que las las cuentas públicas no están acompañadas de un plan de consolidación fiscal. Queremos cambiar todo lo que funciona y que el poder fáctico más perverso que es la prensa de bolsillo lleno quiere demonizar a base de guerras paralelas, y que una parte de la sociedad con derecho a voto permite y aplaude.

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