Un crucero de ultralujo para surcar los hielos perpetuos de la Antártida

Un crucero de ultralujo para surcar los hielos perpetuos de la Antártida

Rodeado de enormes montañas nevadas, icebergs y glaciares, el barco avanza lentamente rompiendo y apartando los trozos de hielo que lo rodean. Algunos crujidos de los pedazos de hielo rasgados por el casco rompen el silencio helado del mediodía. También lo rompe la voz de un tripulante que ofrece una taza de chocolate o un vino caliente al pasajero que observa todo eso desde una plataforma en la proa. Con el olor del cacao en la nariz, el dulce sabor en la boca y el calor del chocolate bajando por la garganta todo aun es más bonito, si cabe, mientras el Silver Endeavour recorre los paisajes de la península antártica. El barco navega lejos de todo, incluso del sur del sur de Chile, Puerto Williams, que es donde empieza esta historia.

En vuelo especial

La historia de un crucero de expedición como este, con consideración de ultralujo, empieza cuando al huésped de la naviera le espera un coche con conductor en la puerta de su domicilio para llevarle al aeropuerto. Desde allí, en vuelo directo o con alguna escala, llegará a Santiago volando en clase business. Luego se aclimatará y hará noche en el hotel Mandarin Oriental de la capital chilena antes de seguir un viaje impecable que le deja cada vez más cerca de la aventura antártica.

Antarctic Airways en Puerto Williams

Antarctic Airways en Puerto Williams

Javier Ortega Figueiral

Dependiendo del puerto de salida, el siguiente tramo lo hará con un vuelo especial de la compañía Latam a Punta Arenas o bien en un avión fletado por la naviera a Antarctic Airways, división de Aerovías DAP para llegar a Puerto Williams. Parecido al Cicely de la serie Doctor en Alaska, ese pueblecito remoto de la región de Magallanes tiene oficialmente la consideración de la ciudad, titulo otorgado por el gobierno de Chile. Eso ha servido para zanjar unilateralmente la eterna discusión de ser la ciudad mas meridional de la tierra, una distinción que se disputa con Ushuaia, Argentina.

El servicio a bordo es a la antigua usanza, con menaje de loza y cristal, una buena selección de vinos locales

La experiencia aérea está a la altura del nivel de servicio de Silversea. De un lado, los cuatrirreactores AvroRJ100, similares al avión VIP que usaba la reina Isabel, tienen menos asientos que en la versión normal de pasaje, pues se han retirado varias filas y aumentado la separación entre ellas, con lo que la sensación de amplitud es mayor y el asiento central queda libre, así, todos los viajeros vuelan en asiento de pasillo o ventana. La segunda opción es la mejor, puesto que los paisajes que se disfrutan mientras se viaja hacia el sur del país son espectaculares. El servicio a bordo es a la antigua usanza, con menaje de loza y cristal, una buena selección de vinos locales y una comida excelente, gracias al acuerdo con una chef del país que se estrena en lo de cocinar para comensales que vuelan. Lo que prepara tiene poco que ver con los caterings habituales de las aerolíneas.

“No es un vuelo especial porque vayamos al bautismo de nuestro nuevo barco”, aclara al Magazine Conrad Combrink, vicepresindente de Desarrollo Estratégico, Expediciones y Experiencias de Silversea y todo un aventurero. “Todos los vuelos que hemos contratado con DAP para llevar a nuestros huéspedes a la Antártida o a las puertas de este continente, como Puerto Williams, tienen los mismos estándares de calidad. Es nuestra manera de entender los viajes, ya sea a bordo, en los hoteles donde alojamos a nuestros pasajeros o en el aire”, aclara.

Rumbo al sur del sur

Tras una emotiva bienvenida en el centro cultural magallánico de Puerto Williams por parte de la sociedad civil y militar de ese rincón remoto de la tierra, se constata la sintonía entre territorio y naviera: el interés es mutuo y ambas partes colaboran en el desarrollo del lugar: un nuevo muelle, apoyo a la formación de jóvenes locales, proyectos deportivos en el mundo de la navegación… y ganas de hacer las cosas bien y con respeto al lugar de acogida. 

Cubierta para observación

Cubierta para observación del paisaje helado de la Antártida

Silversea

Luego llega el momento de empezar de verdad la aventura zarpando rumbo a la Antártida. El paso por el canal de Beagle, precioso, presagia que lo que vamos a ver en los siguientes días de mar será espectacular, aunque para llegar a la Antártida al salir de Beagle hay que cruzar el paso de Drake, donde los océanos Atlántico y Pacifico se juntan. Allí los vientos no cesan ni nada los para; son fuertes, las corrientes poderosas y tener olas de cinco o seis metros se considera un tiempo hasta razonable en esa latitud. El barco capea bien la navegación gracias al equipo de estabilizadores instalados en los laterales del casco. Lo hace durante dos jornadas completas donde el agua y el cielo son el único paisaje y casi no oscurece en las horas nocturnas. 

Con capacidad para 200 pasajeros, el barco tiene 20 guías y 200 tripulantes

En el interior se suceden las charlas, conferencias de alto nivel, encuentros y hasta explicaciones a la carta: si se sale a cubierta, o se sube a tomar un trago al salón de observación sobre el puente de mando, puede encontrarse a algún miembro del equipo internacional de guías con quien hablar del entorno, de lo que se puede esperar al llegar al séptimo continente o dedicarse a la observación ilustrada de las aves que acompañan al buque durante su travesía.

A bordo hay cuatro restaurantes de diferente temática y ambiente, además de una cafetería-buffet más informal y dos bares-coctelería, espacios que son una oferta más que suficiente para 200 pasajeros, capacidad máxima de un barco que además de un equipo de 20 guías, tiene una dotación de 200 tripulantes. La ratio de un tripulante por huésped, junto a los generosos espacios disponibles, deja claro que esta naviera se mueve en lo que se consideran los viajes marítimos del más alto nivel.

Segunda oportunidad 

El Silver Endeavour estrena nombre y naviera: Silversea, compañía que pertenece al 100% a la corporación Royal Caribbean desde 2020. El barco es prácticamente nuevo, pues solo operó unos meses a finales de 2021 y primeros de 2022 como Crystal Endeavor, de Crystal Cruises, compañía que se vió arrastrada por la quiebra de su matriz, una sociedad de Hong Kong que invirtió 460 millones de dólares en este barco. Un precio nunca visto en el sector al calcularse la inversión dividida por el número de huéspedes máximo. Haciendo una división rápida, cada cama costó la friolera de 2,3 millones. Tras negociar con el liquidador, esta empresa de navegación con sede en Mónaco se hizo con el barco por casi 200 millones menos que su coste, beneficiándose de lo ya hecho y adaptando algunos aspectos a su propia filosofía.

Lounge de observación interior del buque, totalmente rediseñado

Lounge de observación interior del buque, totalmente rediseñado

Silversea

“Originalmente el barco teía un casino y, francamente, nosotros no vemos un viaje de expedición a tierras como la Antártida, el Ártico o Islandia con viajeros apostando en una sala de juegos”, comenta Barbara Muckerman, directora comercial de la naviera, de la que ha asume su dirección general y presidencia desde el primero de enero de 2023. 

El barco antes tenía un casino pero no vemos una expedición a la Antártida o al Ártico con viajeros apostando”



Barbara MuckermanSilversea

“El barco también tenía espacio para dos helicópteros y un submarino. Nosotros no vemos un valor añadido a llevar a bordo estos elementos. Dejaremos el helipuerto, activo, aunque los hangares de aeronaves y sumergible los adaptaremos como nuevos espacios para nuestros huéspedes y servicios del buque”, indica orgullosa sobre su flamante buque numero 11 al que seguirán dos nuevas unidades en 2023 y 2024: los Silver Nova y Silver Ray. “Serán los primeros cruceros de bajas emisiones del mundo gracias a la tecnología híbrida basada en el uso de pilas de combustible. Así no se producirán emisiones nocivas mientras se esté en puerto, toda una primicia en el sector”, concluye Muckermann.

Experiencia helada

Navegar en la división de expedición de Silversea es un concepto diferente que hacerlo en la de cruceros. Los barcos de expedición se dirigen a unos puntos determinados para visitarlos. Estos no tienen ninguna infraestructura y siempre, antes de desembarcar, un equipo de guías lo inspecciona previamente para analizar las condiciones del terreno, el entorno, la fauna y marcar los posibles senderos para caminar. Una vez asegurado todo, los viajeros pueden desembarcar, siempre a bordo de zodiacs y llevando un calzado especial para ese terreno. Todo está medido, cuidado y asegurado con una obsesión continua por la conservación del entorno. Si la meteorología no acompaña o la zona del desembarque no está en las mejores condiciones para caminar por ella, el plan cambia y siempre existen otras alternativas. 

Expedición en tierra

Expedición en tierra, siempre acompañados de guías especialistas 

Silversea

Así, sobre un guion muy bien preparado, la holandesa Marieke Stegmeijer, la líder de expedición que tiene a su cargo al grupo de guías naturalistas de diferentes especialidades, siempre está pensando en posibles alternativas. Al contrario de los cruceros convencionales, donde se establece un puerto de escala, unas horas de estancia y unas actividades concretas, la filosofía de la navegación de exploración puede cambiar de un momento a otro. Es algo que se toma muy en serio: el capitán y la líder de expedición siempre tienen la última palabra sobre que va a pasar en las siguientes horas y días a todos los que van a bordo.

Bautismo entre los hielos

Felicity Aston, una leyenda del hielo

La madrina del Silver Endeavour fue Felicity Aston, la primera persona que atravesó el Ártico en solitario y por sus propios medios: 1.744 kilómetros sobre esquíes arrastrando un trineo de 85 kilos. Un periplo de 59 días en el que esta meteoróloga y aventurera pasó por el polo sur en un recorrido que le marcó para el resto de su vida. Hoy, a caballo entre Islandia e Inglaterra, sigue dedicada a descubrir el mundo en diferentes exploraciones, da conferencias sobre su experiencia y ha sido condecorada con la Orden del Imperio Británico.
​Con una emoción equivalente a la que tuvo cuando recibió la medalla en Londres, Aston estrelló una botella de hielo con forma de magnum de champagne sobre el casco del barco, con la tripulación viéndolo desde la proa y los huéspedes entre los hielos de las aguas heladas del espectacular Canal Lemaire desde una quincena de zodiacs. Un momento emocionante para todos los que vivimos en directo el momento.
​“El Silver Endeavour comparte su apellido con el barco en el que el Capitán James Cook partió hacia los confines de la tierra”, indicó Aston durante la ceremonia. “La exploración ha evolucionado en los siglos transcurridos desde la partida de Cook. Hoy en día, la exploración no sólo consiste en el descubrimiento geográfico, sino también en la búsqueda de nuevas ideas, nueva inspiración y nuevas perspectivas. Este buque permitirá que más personas se conviertan en exploradores y vuelvan a casa con nuevas perspectivas. Será una fuente de enriquecimiento personal, ya que las personas conectarán con el planeta y entre sí. Buenos vientos y mares para todos los que naveguen en él”, concluyó. Esa misma tarde, siguieron las jornadas de exploración en tierra, entre el silencio de los hielos y el ruido de los cientos de pingüinos residentes.

Lo que si es singular en los viajes de expedición de esta compañía es que a bordo la calidad y servicios son los equivalentes a cualquier otro buque de su flota: las 100 cabinas son suites que van desde los 30 a los 120m2, todas con su terraza privada y servicio de mayordomo con ayudante asignados para cualquier necesidad o petición del huésped. Todo es impecable y funciona como un reloj mientras se suceden los paisajes nevados, los icebergs y las aguas heladas por las que el buque navega sin problemas, pues se construyó pensando tanto en el Ártico como en el Antártico y su casco tiene calificación polar PC6, por ello navega sin problemas separando el hielo, todo ello supervisado por Niklas Peterstam, un capitán sueco de dilatada experiencia en mares difíciles.

Los detalles se notan tanto en las lanchas de desembarco, como en las caminatas entre pingüinos o focas o a bordo siempre hay alguien pendiente de las necesidades del huésped, ya sea una explicación sobre los animales que se están viendo, la observación de aves o el disfrute del paisaje en zonas de cubierta habilitadas para el disfrute del silencio y la observación de la inmensidad del séptimo continente.

Aviones en el fin del mundo

El viaje acaba en la isla del Rey Jorge, donde diez estados diferentes tienen establecidas bases científicas antárticas. Son países tan diferentes Estados Unidos, Rusia, Perú, Corea del sur o China, viviendo en excepcional armonía. Muy cerca de la base de Chile, bautizada en homenaje a Ricardo Frey, su Dirección General de Aeronáutica construyó una pequeña pista de vuelo para facilitar la vida a sus nacionales y a cualquiera que lo necesite, pues puede ser usada de manera indiferente por cualquier país. El aeródromo teniente Rodolfo Marsh Martin no está asfaltado, es de grava compactada. Está totalmente cubierto por hielo y nieve hasta primavera, cuando se abre a un turismo muy restringido y puede ser usado por aeronaves sin esquíes. 

De nuevo los AVRO privados de DAP recogen a los pasajeros de Silversea para llevarlos hasta el sur del sur de América, la ciudad de Punta Arenas, en el estrecho de Magallanes, ciudad interesante que perdió cierto empuje al abrirse el Canal de Panamá en 1914 y dejar de ser el paso prioritario para la navegación interoceánica, aunque eso es ya otra historia. Punta Arenas y de nuevo Santiago de Chile son el principio del fin de la aventura y el punto desde donde cada viajero regresa a casa con un recuerdo imborrable, sabiendo que ha estado en uno de los rincones más increíbles, remotos y apartados del planeta, en una expedición de ultralujo. Luego, en el largo viaje a casa y en los días posteriores al viaje empieza una larga digestión de experiencias, emociones y paisajes.

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