¿puede un «casi algo» convertirse en una relación seria?

¿puede un «casi algo» convertirse en una relación seria?

Me caí de mis propias expectativas. No puedo echarle la culpa a nadie, pero me duele. Lo extraño. Siento que estoy de duelo, lo vi tres veces, yo me subí a una historia que no existía.

Él no me dio ninguna señal de nada, y desapareció, era una posibilidad. Pero sufro como si me hubieran abandonado. ¡Qué boluda! No aprendo más.

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En mi cuenta de Instagram tengo una sección donde dejan preguntas y yo doy respuestas con tips.

Una de las mayores tiene consultas que ver con situaciones como esta. «Me duele un casi algo ¿Qué hago?»

En tiempos estos de «toco y me voy», de amores cobardescorazones apagados y monitores encendidos, paradójicamente las ilusiones de construir una pareja estan intactas.

Y cuando hablo de los “casi algo» no me refiero al «chongueo», a los amigos con derecho oa los vínculos sexo-afectivos.

si hay claridad respecto al encuadre y acuerdos sin sufrimiento ni expectativas que desborden la realidadtodo estará bien .

Hablo de todas las historias que salen a rodar con las ilusiones de alguno de sus integrantes de que allí se gesta «el amor de su vida» sin que haya ninguna señal de que algo de esto puede pasar.

Expectativa vs realidad

El nudo de estas historias y lo que hace que los «casi algo» sean dolorosos es la dupla «expectativa versus realidad». ES no mirar las señales que están allí y esperar lo que no suceda.

Como querer entrenar para una maratón mirando deportes por una cadena televisiva. No vamos a ser atletas desde la pasividad y las ganas de serlo. No construiremos historias de amores sanos desde la expectativa mientras sigamos apostando a relaciones efímeras. Esa es la paradoja y la trampa.

En la era de la inmediatez podemos pensar en la vieja historia de que lo «fácil no es bueno y lo bueno no es fácil».

Pero el problema no está en relaciones efímeras o historias a largo plazo.

¿Qué hace alguien que quiere comer comida elaborada en un fast food?

¿Qué tan bien puede pasarlo quien busca tranquilidad y relax en un centro comercial un domingo de lluvia por la tarde?

¿Cuánta frustración perderá a quien espera con ansias el fin de semana para descansar si se arma una maratón de actividades que no le permitirán echarse un rato a dormir?

Y así podemos seguir al infinito con ejemplos de la vida cotidiana que nos den cuenta de lo difícil que es encontrar lo que uno desea en los lugares /relaciones equivocadas.

De la misma manera quien busca una relación saludable ya largo plazo ¿qué hace en historias que claramente tienen principio y final a cortísimo plazo ?

En primera instancia, se ilusiona.

En breve tiempo y cuando confronta con la realidad, sufre.

Porque en las historias de «casi algo» es todo magia en el inicio, cuando la realidad transcurre en nuestra imaginación y como recurso de nuestro deseo, pero es frustración y dolor cuando abrimos los ojos y vemos que la carroza se ha transformado en calabaza.

La diferencia entre expectativa y realidad puede provocar sufrimiento.  Foto: Shutterstock.


La diferencia entre expectativa y realidad puede provocar sufrimiento. Foto: Shutterstock.

En el amor, los grises no son saludables

Los «casi algo» tienen su origen en dos fenómenos muy propios de estos tiempos:

-La falta de responsabilidad afectiva.

La responsabilidad afectiva es el saber que todo lo que hacemos tiene consecuencias sobre la vida de quien tenemos del otro lado del monitor, o frente nuestro: detras del doble tilde hay ilusiones, sufrires, viejos fracasos, mandatos, miedos y sueños.

Ser claros y pisar con mucho cuidado porque pisamos sobre sueños, de eso se trata.

-La multiplicidad en los vínculos como reaseguro del no sufrir

«Un montón de nada», decía Adrián Otero en su canción.

Así se siente cuando con las redes sociales, apps de encuentros, entre otros recursos, la persona se lanza a una maratón de «pequeñas historias de amor» que entre todas no hacen una.

Un poquito acá, otro poco allá y un camino largo que baja y se pierde en la inmensidad de la nada misma.

No hay sufrimiento porque no hay compromisoentonces no hay riesgos de derrumbar porque nada se construye.

Esta, creo yo, es una de las explicaciones de este fenómeno cada vez más creciente de los «casi algo».

En el mundo de la inmediatez, lo que rapido llega rapido se va.

Las aplicaciones de citas cambiaron la forma de buscar pareja.  Foto Shutterstock.


Las aplicaciones de citas cambiaron la forma de buscar pareja. Foto Shutterstock.

«¿Puede transformarse un casi algo en una relación seria?»

Es una de las preguntas que en redes sociales y en los espacios de intercambio virtuales que más se repite. Y la respuesta es: en la mayoría de los casos no.

Porque si el inicio del vínculo no está basado en la comunicación efectiva y saludable, la honestidad y la responsabilidad afectiva, difícilmente vire hacia algo distinto.

Esto no quiere decir que una historia que empieza como algo casual y sin compromiso no puede transformarse en un vínculo con proyecto y sostenido en el tiempo.

Pero los «casi algo» se definen por: «no ser ni una cosa ni otra». Ni amigos, ni amantes, ni novios, ni «chongos», no termina de empezar ni empieza a terminar.

La indefinición y la poca claridad son los patrones que marcan el ritmo de estas relaciones.

También puede darse cuenta como una historia vertiginosa producto de la ansiedad y la inmediatez en donde los tiempos son totalmente desproporcionados a la secuencia lógica de la construcción de una pareja.

Y entonces tenemos un duelo por una historia que muere antes de nacer.

Un dolor que se instala mucho más de lo que logró el disfrute. Sin dudas, un mal negociopero en las cosas del querer muchas veces no somos buenos negociantes.

«Llegué sano y me dejó hecho pedazos»

Con esta frase un hombre de 35 años me describía lo que sentí después de que una mujer con la que salió 5 veces lo «fantasma» en la antesala del sexto encuentro.

«Yo había puesto ahí toda mi ilusión, me enamoré en menos de un mes. Quería preguntarle si le pasaba lo mismo que a mí, pero me daba miedo, y pensaba que ella no me decía todo lo que sentía para no sufrir. Ahora estoy todo roto y me siento un imbecil.»

«Otro crimen quedara sin resolver», diría Gustavo Cerati.

El encantamiento y la ilusión de que «ahora si llegó el amor que me merecía y que tanto esperaba» funcionan como un oasis en el desierto de la carencia afectiva.

No cualquiera se sube al tren de los «casi algo». Tiene que preexistir un deseo ferviente de concretar una historia en la que sí se den los proyectos pendientes.

Esta necesidad es similar a la que experimenta un jugador en un casino cuando juega sus últimas fichas y es a todo o nada y el futuro se define con el girar de la ruleta.

El tiempo es la estrategia de los cobardes

La salida que muchos hombres generalmente (y algunas mujeres) suelen elegir en los momentos en los que la relación “peligrosamente” se torna en algo serio es el de pedir “minuto afuera”, como en el básquet.

Pero en las historias de amor, el pedido de tiempo es el recurso y la estrategia de los cobardes.

Si yo quiero arreglar realmente una situación que no está funcionando, desde el trabajo en equipo y dentro de los parámetros de la relación que deberé gestionar el conflicto.

En mi criterio, el pedido de tiempo y distancia es otra de las banderas rojas (banderas rojas) para saber que allí no es.

Si querés tiempo, un buen reloj, pero no mis horas y mis días, porque la vida es larga pero no tanto.

En definitiva, si de sufrir por amor se trata, hay cuestiones que son inevitables pero prefiero elegir historias que vayan a fondo, y los «casi algo» tienen tanto gusto a poco.

Creo que la tendencia a veces natural de los seres humanos es comprometerse si las cosas van viento en popa. Y si no ¿para qué sostener una historia sin futuro?

«La cobardía es asunto de los hombres no de los amantes, los amores cobardes no llegan a amores ni a historias se quedan allí, ni el recuerdo los puede salvar, ni el mejor orador conjugar», canta Silvio Rodríguez.

¿Se trata de vivir sin expectativas? ¡Claro que no!

¿Se trata de no ilusionarse más cuando del comienzo de una historia se trata? ¡Por supuesto que no es la salida!

Sí se trata de ser claros, de preguntar sin miedo a las respuestasde hablar de lo que sentimos y si no somos correspondidos veremos qué hacer, pero mejor saber y ser libres de elegir.

Se trata de eso. Así de sencillo, así de complejo, difícil pero no imposible.

*alejandro schujman es un psicólogo especializado en familias. Autor de No huyo, solo vuelo: El arte de soltar a los hijos, Generación Ni-Ni, Es no porque yo lo digo y Herramientas para padres.​ Dirige, coordina y supervisa la @redasistencialpsi.

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