Altruismo en el Himalaya

Altruismo en el Himalaya

Priyana y Devi nacieron y pasaron los primeros meses de sus vidas en una celda con sus madres. Cumplidos los cuatro años la dos pequeñas residen en Mala Home, una de las tres casas de acogida para hijos de personas reclusas abiertas en Katmandú por Dream Nepal, una oenegé impulsada desde Barcelona. Esta es una de las iniciativas pensadas por ciudadanos anónimos que funcionan en el país del Himalaya. Tres hermanas barcelonesas pusieron en marcha en el 2008 Sano Sansar (Petit Món), otro hogar para 36 niños nacidos de un orfanato que los explotaba y maltrataba, y, en plena pandemia de la covid, dos jóvenes organizan un comedor social en el centro de Katmandú que cada día sirve 250 almuerzos y cenas. Se trata de proyectos pequeños promovidos por personas ajenas al mundo de las grandes oenegés, en uno de los países más pobres y olvidados del mundo. Todos funcionan con personal local y, tal como establece la legislación del país, en asociación con una contraparte nepalí.

marina portabella

La barcelonesa Marina Portabella ha impulsado y sigue al frente de las casas de acogida Mala Home

Soñar Nepal

marina portabella

Su experiencia como voluntaria en Niños sin Barreras le ha servido para impulsar en Katmandú tres casas que acogen a hijos de personas reclusas

Marina Portabella colaboró ​​como voluntaria durante años en Barcelona con Niños sin Barreras, una entidad que promueve el contacto entre reclusos y sus hijos. La experiencia adquirida tras una larga etapa acompañando a niños a visitar a sus padres a los centros penitenciarios de Brians le asignaron para ayudar a este colectivo en Nepal, donde opera en colaboración con Indira Ranamagar, una trabajadora social que a través de su organización, Prisioners Assistance (PA), ha rescatado a numerosos niños que malvivían en condiciones infrahumanas en las prisiones en las que sus padres cumplían condena. Cuenta Portabella que en el 2016 arrancó la primera casa de Dream Nepal en las afueras de Katmandú hasta tener las tres actuales en las que residen 54 personas que no han cumplido los 18 años.

Mala Inicio

Una de las tres casas de acogida, con una zona de juegos infantiles

Rosa M. Bosch

La oenegé les proporciona educación y seguridad, y facilitan que mantengan el vínculo familiar. “En vacaciones, si la madre lo pide y el menor quiere, pasan un máximo de una semana juntos en la cárcel”, detalla Portabella, que ha replicado el modelo en Medellín, en Colombia.

Dos niñas de solo dos y tres años fueron rescatadas de la calle y han recuperado el contacto con el padre, que cumple condena en una cárcel

Devi y Priyana forman parte del grupo de cuatro niñas más pequeñas de Mala Home. En su hogar de acogida, una luminosa casa con jardín, huerto y espacio para los juegos, se ha habilitado la guardería. Tal como se relataba al inicio, Debi nació en la cárcel, donde afectaron unos meses. Al salir de prisión, la madre no pudo hacerse cargo de Debi ni de su hermana mayor y ambas acabaron subsistiendo solas a la intemperie, junto a un templo. Solo tienen dos y tres años de edad. Un tiempo después fueron rescatadas de la calle y trasladadas a Mala Home, desde donde han podido contactar con el padre, que cumple condena.

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La hora del patio para más pequeñas

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Estar en una celda les afecta mucho por la violencia que allí se vive, por las peleas, los insultos. Además, los jóvenes que han pasado por esta dura experiencia están marginados, la gente los mira con malos ojos



sarita raiDirectora de Mala Inicio

Desde el 2016, trece niños han podido regresar con sus progenitores cuando estos han abandonado la cárcel. “Estar en una celda les afecta mucho por la violencia que allí se vive, por las peleas, los insultos. Además, los jóvenes que han pasado por esta dura experiencia están marginados, la gente los mira con malos ojos, nosotros les ayudamos a integrarse en la sociedad ya que pueden ir a la escuela”, comenta Sarita Rai, directora del proyecto en Nepal. La satisfacción es ver cómo tres estudiantes han llegado a la universidad y dos más están finalizando cursos preuniversitarios.

“Es muy difícil tener una cifra, pero calculamos que al menos 250 niños de más de tres años siguen viviendo en cárceles con sus padres, la gran mayoría con las madres; las instituciones internacionales dedicadas a la infancia considerando que a partir de esa edad ya debería estar fuera”, comenta Portabella, fundadora y presidenta de Dream Nepal.

Nepal asiste a la fuga de sus jóvenes que, desesperadamente, buscan oportunidades en otros países

Pequeño Mon

Niños y adolescentes en la casa de acogida de la fundación Petit Món, en Katmandú

Cedida Petit Mon

Tres hermanas barcelonesas que preferirían fortalecerse en el anonimato abrieron en el 2018 un hogar para más de 30 menores que habían sido explotados en un orfanato

Ofrecerles un entorno acogedor y educación es también la prioridad de la fundación Petit Món. Tres hermanas barcelonesas que prefieren fortalecerse en el anonimato habían planificado abrir, en el 2008, un hogar para niñas víctimas de trata en Katmandú. “Tuvimos que cambiar de aviones pues nos encontramos con el caso de un orfanato que explotaba a los niños, los obligaba a robar, a trabajar, a pedir limosna…, los tenía esclavizados. El Gobierno lo cerró, los pequeños quedaron desamparados, la mayoría procedieron de la zona de Sindhupalchok, otros de Humla, y fuimos pueblo por pueblo buscando a sus familiares. Al final acogimos un 36”, explica Montse Morón, que dejó Barcelona para coordinar Petit Món en Katmandú. Las necesidades en este país son enormes y los contrastes también. Nepal se ha ido adaptando a las exigencias de los kilómetros de visitantes que llegan cada temporada impulsada por sus ocho cimas de más de 8.000 metros, entre ellas el Everest. Pero el aumento del sector turístico ha beneficiado a unos pocos. Son muchos los nepalíes que se ven obligados a emigrar, demasiadas veces en unas condiciones infrahumanas. La falta de oportunidades provoca el éxodo.

Pequeño Mon

Montse Morón junto al director de Sano Sansar y con una de las jóvenes acogidas, que ha cumplido recientemente los 18 años

Rosa M. Bosch

Bikash ha acabado la carrera de Farmacia y su hermano Jibau está en Australia cursando hostelería



Montse MorónPequeño Mon

Montse Morón manifiesta su alegría por el éxito de los jóvenes que han llegado a la Universidad. “Bikash ha acabado la carrera de Farmacia y su hermano Jibau está en Australia cursando hostelería. Antes de la covid, los dos fueron a su pueblo, a un funeral, y decidir traer aquí a tres sobrinos; nos dijeron que no pudieron dejarlos allí, sin ningún futuro. Tramitamos con sus padres la acogida y desde entonces están con nosotros en Katmandú, son muy buenos estudiantes”, apunta Morón.

Ahora solo quedan trece residentes en Sano Sansar, cuando todos lograron la mayoría de edad cerrarán la casa para trabajar en un nuevo proyecto, la puesta en marcha de un centro de formación profesional destinado a los chicos que no accedieron a la universidad. “Todavía falta tiempo, pero la idea es abrir un restaurante, quizás un hotel, lo decidiremos más adelante, para formar ya la vez ofrecer un empleo a los alumnos”, apunta Morón.

Pequeño Mon

Un grupo de niñas, en la residencia de acogida de Katmandú

Cedida Petit Mon

Petit Món también ha prestado apoyo a un grupo de ocho niños que en el 2010, cuando entraron en contacto con ellos, tenían de ocho a doce años de edad y subsistían al raso. “Poco a poco nos estuvimos ganando su confianza. Primero les ofrecimos un piso para que pudieran descansar, ducharse. También les pusimos un profesor. El proceso fue lento, pero al cabo de cinco años la mayoría habían dejado los malos hábitos, ya no fumaban ni esnifaban cola. Pratap volvió con su familia y le hemos pagado los estudios de Cine; Samir es analista de datos; Avishek hizo un curso del Bolsa y va haciendo algún trabajo; Ashok Guri estudia Educación Física en India; Ashok Rai tiene el carácter más difícil y le cuesta todo más; dos siguieron en la calle y, lamentablemente, otro murió”, añade Morón. Otros jóvenes acogidos han estudiado ingenierías, Agrícola y Civil, Odontología, Farmacia, Hostelería y Cine.

Abrazando Nepal

Laxmi Tamang, una de las cocineras del comedor social de Hugging Nepa, preparando la cena una tarde del pasado mes de noviembre

Rosa M. Bosch

Abrazando Nepal

Álvaro Quintana y María Vives son las almas del restaurante social que funciona en el centro de Katmandú

Álvaro Quintana, de Barcelona, ​​y María Vives, de Mallorca, son las almas del restaurante social que funciona en el centro de Katmandú. Ambos ya se implicaron en la reconstrucción de escuelas tras el devastador terremoto del 2015, proyectos en los que también se volcó el barcelonés Edu Borés. Cada día, María Vives, al finalizar su trabajo como profesora en una escuela de la capital, se monta en su moto y se acerca al comedor. En la cocina, Laxmi Tamang, madre de tres hijos a los que ella saca adelante, prepara raciones y más raciones de dal bhat el plato nacional a base de arroz, sopa de legumbres, verduras, encurtidos y pollo, pescado o huevo.

Los comensales son personas con ocupaciones muy precarias, la mayoría son del campo, vienen a la ciudad para ganar algún dinero, muchos no tienen un lugar donde dormir y pasan la noche en templos, en tiendas, algunos comparten un pequeño cuarto



maría vivesAbrazando Nepal

«Los comensales son personas con ocupaciones muy precarias, la mayoría son del campo, vienen a la ciudad para ganar algún dinero, muchos no tienen un lugar donde dormir y pasan la noche en templos, en tiendas, algunos comparten un pequeño cuarto. Son porteadores , vendedores de fruta, costureros, basureros, zapateros… También ancianos que sobreviven como pueden, hombres y mujeres con alguna discapacidad…», detalla Vives.

Abrazando Nepal

A partir de las 17 horas, el comedor de Hugging Nepal se llena para la cena

Rosa M. Bosch

Budsi Madar, de 40 años, se enfrasca en su dal bhat . Pide una segunda ración. Para él esta ha sido la única comida del día. “Busco trabajo de lo que sea, antes hacía bastoncitos de incienso, también porteo cargas, sé hacer muchas cosas”, comenta.

A los comensales que pueden, se les pide que paguen un precio simbólico, de 50 a 60 rupias (de 35 a 45 céntimos de euro). Con esta pequeña cantidad cubre el 50% de los gastos de funcionamiento del local, la otra mitad procede de aportaciones en especie o en metálico. Pero tras la covid, los ingresos han bajado y las necesidades se mantienen.

Petit Món, Dream Nepal, Hugging Nepal o la empresa social Karuna promovida por Borés, que ocupa a mujeres con escasos recursos, son solo una pequeña muestra de pequeñas grandes iniciativas en el Himalaya.

María Vives y Álvaro

María Vives y Álvaro Quintana, impulsores del comedor social, fotografiados en Katmandú

Rosa M. Bosch

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