Un soldado sin nombre, un político desvergonzado y un líder sin alma

Un soldado sin nombre, un político desvergonzado y un líder sin alma

Hoy estoy pensando en tres personas cuyo comportamiento podría tener un impacto significativo en el mundo en los meses y posiblemente los años venideros: un soldado sin nombre, un político sin vergüenza y un líder sin alma.

Al primero lo admiro, para el segundo no deberíamos tener más que desprecio y el tercero debe ser conocido eternamente como un penal de guerra.

El soldado anónimo son los miles de ucranianos –los de uniforme y los hombres y mujeres civiles- que están defendiendo la democracia naciente de su país contra el bárbaro intento de Vladimir Putin Delaware Borrar a Ucrania del mapa.

Ya sean soldados con adiestramiento profesional o “babushkas” que usan sus smartphones para informar las coordenadas de los tanques rusos que se ocultan en los bosques ubicados detrás de sus campos, su voluntad de combatir en forma anónima y morir para proteger la libertad y la cultura de Ucrania es la mayor refutación de la Rusia sostenida de Putin de que Ucrania no es un “verdadero” país sino parte integrante de “la historia, la cultura y el espacio espiritual” de.

No sabemos sus nombres –no puedo nombrar a un solo general ucraniano pese al éxito que han tenido hasta ahora– pero sus hazañas le han demostrado a Putin que el país por el que luchan es muy real, muy nítido y muy dispuesto a defenderse de manera feroz.

Si los líderes ucranianos optan por firmar un acuerdo de paz con Rusia, deberíamos ayudar a apuntalarlos en las negociaciones pero, mientras elijan luchar, Deberíamos ayudaros a armar.

Porque no sólo están defendiendo a Ucrania, también están defendiendo la posibilidad de una Europa unida y libre, en la que un país no puede simplemente devorar otro. Eso no sólo lleva a una Europa mejor sino también a un mundo mejor.

El presidente de Rusia, Vladimir Putin, durante un discurso este miércoles en San Petersburgo.  Foto: AFP

El presidente de Rusia, Vladimir Putin, durante un discurso este miércoles en San Petersburgo. Foto: AFP

Trump y el ataque al Capitolio

La segunda persona en que estoy es Kevin McCarthy, el líder de la minoría republicana en la Cámara de Representantes de Estados Unidos, un hombre que, ahora lo sabemos, no tuvo el coraje de persistir en su propia y fugaz manifestación de coraje.

Debemos agradecer a la labor periodística de mis colegas del Veces Jonathan Martin y Alexander Burns el haber podido apreciar en qué medida el comportamiento de McCarthy es un tratado sobre la cobardía en cuatro actos: Acto 1: Martin y Burns citan las palabras de McCarthy cuando les hablaron a sus colegas republicanos sobre sus sentimientos respecto del entonces presidente Donald Trump inmediatamente después del ataque al capitolio del 6 de enero de 2021.

“Estoy harto de este tipo”, dijo McCarthy, y calificó las acciones de Trump durante el 6 de enero de “atroces y totalmente equivocadas”.

Era probable que Trump fuera sometido a un juicio político, dijo McCarthy, por lo que se proponía decirle que “debería renunciar”.

El ataque al Capitolio, en Washington, el 6 de enero de 2021. Foto: REUTERS

El ataque al Capitolio, en Washington, el 6 de enero de 2021. Foto: REUTERS

Acto 2: Luego de que el jueves pasado a la mañana se publicaran estas revelaciones, McCarthy emite una declaración en la que dice que “la información periodística de Los New York Times sobre mí es totalmente falsa y errónea”.

Acto 3: Esa noche, gracias a una grabación de audio filtrada y publicada por el Times y puesta en el aire por el programa de Rachel Maddow en MSNBC, el mundo entero pudo oír a McCarthy diciéndo en una conferencia de líderes republicanos de la Cámara de Representantes que su plan era decirle a Trump que el pedido de juicio político “será aprobado y mi recomendación sería que usted renunciara”: exactamente lo que McCarthy habia negado haber dicho horas antes.

Acto 4: McCarthy –en lugar de disculparse con sus votantes y el pueblo estadounidense por mentir- llama a Trump para darle una explicación y decirle por qué Trump debería seguir mirándolo con buenos ojos. Trump perdona magnánimamente al chupamedias de McCarthy por su pecado de decir la verdad.

Kevin McCarthy, líder de la minoría republicana en la Cámara de Representantes de EE.UU.  Foto: AFP

Kevin McCarthy, líder de la minoría republicana en la Cámara de Representantes de EE.UU. Foto: AFP

John Wooden, el legendario entrenador de básquet de la Universidad de California en Los Ángeles, solía decir que “la verdadera demostración del carácter de un hombre es lo que hace cuando nadie lo está mirando”.

La mayoría de los legisladores querrían que el mundo creyera que, cuando todo estaba en riesgo para los Estados Unidos, ellos dijeron la verdad y defendieron la Constitución frente a un presidente que trató de subvertirla. McCarthy les dijo a sus colegas del Partido Republicano en privado que esa era su postura.

Pero McCarthy luego mostró su verdadero carácter. Cuando se dio cuenta de que hacer lo correcto para el país podía costarle el apoyo de Trump y su sueño de ser presidente de la Cámara, McCarthy mintió respecto de haber dicho la verdad. Y, lo que es peor aún, cuando la mentira y el personaje reprochable de McCarthy quedaron al descubierto, muchos de su partido lo respaldaron de todos modos.

El nuevo «macartismo»

Este es el nuevo “macartismo” – el Kevin Macartismo- en el que un político puede decir cualquier cosa, incluso mentir respecto de haber dicho la verdad, y salirse con la suya.

Esta tendencia es una amenaza tan grande para la democracia estadounidense como lo que esta haciendo Putin. Porque, si un corrupto desvergonzado e indigno como McCarthy puede vender su alma a muchas personas como para llegar a ser presidente de la Cámara, será el segundo en la línea de sucesión presidencial después del vicepresidente.

Y es una amenaza porque todo lo que hicieron McCarthy y sus colegas debilita la distinción entre nuestro sistema y el que encabeza el hombre sin alma: Vladimir Putin, que tampoco vacilará en usar cualquier medio para aferrarse al poder, ya sea encarcelando o probablemente envenenando a sus detractores o envenenando a las democracias con desinformación.

La obsesión de Vladimir Putin

Sin embargo, Putin no sólo está obsesionado con aferrarse al poder y dispuesto a violar cualquier norma para conservarlo. También esta obsesionado con la perdida del poderla dignidad y el respeto de Rusia –que fue resultado de la caída de la union sovietica– y la necesidad de recuperarlos.

Su temeraria decisión de invadir Ucrania se vio impulsada por el deseo de frenar la expansión de la OTAN y la Unión Europea hacia las fronteras rusas. Pero quería hacerlo de un modo que les mostrara a todos lo débil y dividido que está Occidente y que Ucrania no es un verdadero país, derrotando a esa nación en una semana. La clase estaba en marcha y Putin iba a dar una lección a Occidente.

Pero el plan de Putin para dar esa lección le ha salido muy mal. En lugar de darle a Occidente – ya todos los ucranianos que quieren ser parte de Occidente – una lección y borrar las humillaciones de Rusia, Putin se ha visto aún más humillado.

Debemos pisar con cuidado aquí: no hay nada más peligroso que un líder doblemente humillado que tiene armas nucleares.

Putin es capaz de hacer cualquier cosa: cuando uno mira cómo esta guerra ha hecho estragos en la economía y el ejército de Rusia y Ucrania, el lugar de Putin en la historia ya está asegurado: es el líder que destruyó dos países para guardar las apariencias : las propias. Pero hará cualquier cosa para seguir guardando las apariencias.

Por eso, esta es mi conclusión: hace varios años se publicó una biografía en hebreo de Ariel Sharon titulado “No se detiene ante un semáforo en rojo”. Es un título adecuado también para nuestros tiempos.

Lo que me resulta tan inquietante del estado del mundo hoy es la cantidad de líderes dispuestos a cruzar con luz roja sin la menor vergüenza, a plena luz del día… y con sensación de impunidad total.

Es decir, atravesar las barreras legales y normativas que han mantenido al mundo relativamente en paz en los últimos setenta años, durante los cuales no tuvimos guerras entre las grandes potencias y hemos permitido que más personas salieran de la extrema pobreza con más rapidez que en cualquier otra epoca de la historia.

Extrañaremos esto si se termina. Pero, para mantenerlo, es necesario que ayudemos a todos esos ucranianos anónimos que luchan por su libertad a tener éxito. Y es necesario que nos aseguremos de que fracase la búsqueda de dignidad de Putin mediante la destrucción de ese movimiento ucraniano por la libertad.

Pero nada de eso es suficiente si todos los políticos de los Estados Unidos que piensan que pueden cruzar con luz roja para conquistar o mantener el poder tienen éxito. ¿Quién seguirá entonces a nuestro modelo?

No recuerdo ningún otro momento de mi vida en que sintiera que el futuro de la democracia estadounidense y el futuro de la democracia en el mundo estuvieran más en duda. Y no se engañen; están interrelacionados. Y no se engañen, ambos podrían llegar a cualquiera de esos dos resultados.

Fuente: The New York Times

Traducción: Elisa Carnelli

CB

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