anárquico, de cultura inorgánica y caprichoso

anárquico, de cultura inorgánica y caprichoso

Un padre que desalentó que estudiase Letrasun amigo con el que quiso abrir una librería y terminó fundando una “flor” de editorial en la que publicarían a Quino, Rodolfo Walsh, FontanarrosaLezama Lima, maitena y tantos otros. Dictadura, censura y exilio. El regreso y la venta en 2015 de su parte de Ediciones de la Flor. Todo eso ha pasado en la vida de daniel divinski. En el año de su cumpleaños 80, NORTE conversó con el editor destacado sobre el oficio de la edición, la pandemia y sus proyectos actuales.

El editor Daniel Divinsky en la Feria del Libro de 2016. Foto Lucia Merle

El editor Daniel Divinsky en la Feria del Libro de 2016. Foto Lucia Merle

–Ha dicho en algunas ocasiones que un editor es un exhibicionista porque le gusta poder decir que ha descubierto algo antes que nadie. ¿Qué es lo que le llama la atención cuando lee por primera vez a un/a autor/ao libro?

–En primer lugar, una aclaración: siempre me negué a emplear el verbo “descubrir” para lo que implica la publicación de un autor/a desconocido/a hasta ese momento. Prefiero el verbo “reconocer”, que usa mi colega y amigo Jorge Herralde, el creador de la Editorial Anagrama. Ese escritor preexistía, aun oculto, a su supuesto “descubrimiento”. Son muy variadas las causas de ese llamado de atencion para un editor anárquico, de cultura inorgánica y caprichoso, como creo haber sido. Cada caso es diferente, siempre que se priorice ese atractivo a la consideración mercenaria de sus posibilidades en el “mercado”, con perdón de la palabra. Doy solo un ejemplo. Un joven escritor me envió su primera novela adjuntada a un correo electrónico. En el cuerpo del correo decía que seguramente yo estaría aburrido de recibir originales por esa vía y ni abriría el archivo para considerar el texto, pero que iba a incluir allí la misma frase para ver si lograba tentarme. Y la frase era –cito de memoria– “¿cuántas aceitunas creés que te comiste en tu vida, hasta ahora?”, proferida en una tertulia de muchachos en un bar. Piqué y el libro se publicó con una muy elogiosa contratapa escrita por Fontanarrosa.

–El humor gráfico ha sido uno de los pilares de Ediciones de la Flor y es además una de las pocas especializadas en ello. ¿Por qué cree que esto sucede?

–Mi admiración por quienes saben dibujar viene de una muy antigua frustración mía: excelente alumno en el colegio secundario, la única materia en la que fui aplazado y de la que tuve que rendir examen en diciembre fue Dibujo, de primer año. Además, tengo la risa fácil y admiro a quienes hacen humor, escrito o dibujado. de la flor tomó la delantera en ese género por ese motivo y durante mucho tiempo fue el primer sello en el que esperaban quiénes se dedicaban a él. Luego la repercusión inmensa de la publicación de los libros de Quino, especialmente Mafalda, desde 1970, hizo que se creara la expectativa de continuar ese camino. Como lector ávido, estuve siempre a la pesca de lo que iba apareciendo.

El editor Daniel Divinsky en la Feria del Libro de 2016. Foto Lucia Merle

El editor Daniel Divinsky en la Feria del Libro de 2016. Foto Lucia Merle

–El oficio de editor se aprende hoy en universidades ¿Qué le parece lo más importante para la formación de nuevos editores en la actualidad?

–Es importante que se haya creado en su momento la carrera de edición de la UBA, para dar un marco teórico a la formación de nuevos editores, pero nada equipara a la práctica que se pueda tener paralelamente. Formé parte de un equipo que armó el programa de una carrera similar en la universidad nacional de avellaneda (luego no concretada por falta de presupuesto) y percibimos la complejidad de dar una formación que empezará por la cultura general para adentrarse luego en el oficio, cubriendo lo técnico, lo jurídico y lo idiomático (ortografía, sintaxis), que a menudo se descuida: basta ver algunos libros publicados recientemente, aun por sellos de trayectoria.

–¿Qué rol considera que cumplir eventos como la Feria del Libro hoy en día?

–Soy de los editores absolutamente fanáticos de las Ferias del Libro en general y de la de Buenos Aires en particular. Constituyen el único lugar y el momento en que puede verso la primera conexión del candidato a lector con un libro y, además, es el único ámbito puede en el que las editoriales exhiben “de frente”, con la tapa hacia arriba, todo su catálogo. Los resultados permiten enterarse de que solo los libros que no se exhiben “no se venden nada”.

–¿Qué cambios advirtió que trajo o agudizó la pandemia para el mundo editorial?

–Creo, como espectador, que hubo dos momentos a ese respecto en la pandemia. El primero, de estupefacción y marasmo, sin que hubiera herramientas para reaccionar por parte de editores y libreros. Una consecuencia inmediata fue que una buena cantidad de nuevos títulos se publicó solamente de modo electrónico y no en soporte papel. Luego, la necesidad de supervivencia aceitó un sistema de compra por Internet con entrega a domicilio que fue revitalizando la venta. A eso contribuyó la mayor disponibilidad de tiempo libre ante la imposibilidad de las salidas sociales y culturales. Imagino, sin datos, que actualmente se está volviendo a niveles normalescon la limitación obvia de la situación económica y del alto precio de los libros en papel, que deben absorber los costos fijos de la edición con tiradas menores. Sobre el futuro nunca me animaría a opinar. ¿Quién podría haber imaginado la actual situación bélica entre Rusia y Ucrania?

–¿Qué actividades lo ocuparon en este momento?

Mi programa en radio UBA, Los libros hablan, en los diversos formatos que fue teniendo luego del comienzo de la pandemia, me permite –me obliga– a mantenerme informado y al día con lo que se publica, al menos en materia de narrativa. Actualmente, es una columna dentro del programa vespertino de la radio (87.9) los miércoles a las 18, en diálogo con Carlos Méndez, avezado periodista conductor de ese espacio. Me gustaría volver al formato original, incluyendo entrevistas al autor/a de la obra reseñada. También estoy escribiendo una columna periódica sobre libros para Leamos.

Daniel Divinski.  (Gentileza Museo Divinsky)

Daniel Divinski. (Gentileza Museo Divinsky)

–¿Podría comentar alguna lectura reciente que haya disfrutado?

–Los libros que me han impresionado más, incluyendo el disfrute, entre los que leí últimamente son Las graciasde Delphine de Vigan; los llanosde Federico Falcó y El ultimo falcon sobre la tierra, de Juan Ignacio Pisano, como novelas. Y, en ninguna ficción, partes de guerra (testimonios de veteranos de Malvinas, recientemente reeditado) una compilación de Graciela Speranza y Fernando Cittadini y Filosofía de la incomunicación. Las cartas clandestinas de la Unidad Penitenciaria 1 (Córdoba, 1976-1979), publicado por la Editorial Universitaria de Villa María, escrito por la investigadora del Conicet Paula Simón y Fernando Reati, profesor emérito de la Universidad de Georgia en los Estados Unidos y exdetenido en esa unidad penitenciaria.

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