«Seguimos de pie y ampliando nuestros horizontes»

«Seguimos de pie y ampliando nuestros horizontes»

La escena tiene lugar en una edición de la feria del libro. ¿Dónde si no? El editor manuel pamplin asiste vestido de negro a una presentacion. Nada raro. Lo singular, en todo caso, es que en esa ocasión de 2017 él es el (discreto) protagonista. “Estamos acá para homenajear a mi padre, ese hombre que si no existieran los libros, los habría inventado”, dice Fernanda Pampín, digna hija de ese hombre, que llegó a los 14 años a Buenos Aires sin haber terminado la escuela, fundada Corregidor y, desde ahí, publicó a autores como Haroldo Conti, Juan Gelman, Alejandra Pizarnik, Clarice Lispector, Juan Carlos Onetti y osvaldo soriano.

Manuel Pampín.  Foto: Augusto Gasman.

Manuel Pampín. Foto: Augusto Gasman.

Entrevistado por su amigo y escritor Jorge Lafforgue para el libro Manuel Pampín, editor argentinoque es al mismo tiempo una biografía y una historia de Corregidor (¿podría ser de otro modo?), Pampín grabó que fue un niño feliz en su Galicia natal: “Me mandaban a cuidar las vacas o las ovejas. Hubo un tiempo de la infancia en el que aquella vida era normal y yo lo vivía bien, casi con alegría”, dijo y quedó en letra de molde. Había nacido en 1936 en una aldea coruñesa llamada Vilar da Vella, cuando todo era muerte y destrucción a manos de una GuerraCivil salvaje y llego a la Argentina con 14 años.

Mil y un oficio

Primero trabajé en un negocio de electricidad. ¿Qué sabía él de electricidad? Nada. “De hecho, me mandaban a usar una máquina y, como yo sabía hacerlo, la luz me daba patadas todo el tiempo”. Despues, trabajó a una fábrica de vidrio y tras eso, en una bobinadora eléctrica y en un local de fraccionamiento de especias. Uno de los dueños de ese negocio le ocuparáse de un emprendimiento con libros importados y el resto de la historia es conocida.

Hace algunos años que Corregidor está en manos de sus hijos e hijas, aunque él se mantiene informado de todo lo que sucede. “La posibilidad de ver que mis hijos tienen ese gran proyecto que fundé hace más de 50 años me da esperanzas cotidianas. Los llamo, les pregunto qué se va a publicar próximamente, qué se está traduciendo, características son las reediciones previstas, a qué feria estamos yendo y todo lo que pueden comentarme cambia el día”, le cuenta a NORTE.

Fernanda, su hija y editora, recupera ese proceso de traspaso intergeneracional: “Se dio lenta y naturalmente en las últimas dos décadas, cuando Sylvia, Paula, Juan y yo nos fuimos haciendo responsables de las diferentes tareas: construimos formas de comunicación y prensa editorial, trabajamos en la ampliación de la distribución en el exterior, tomamos fuertes decisiones estéticas para modernizar la identidad del catálogo, empezamos a vincularnos directamente con los autores y autoras. Al mismo tiempo, trabajamos mucho en acercarnos y tener un conocimiento profundo de nuestro público, que sigue las colecciones y las publicaciones que van construyendo el catálogo”, enumera.

A diferencia de otros sellos nacionales que fueron anexados a compañías internacionales, Corregidor sigue resistiendo ese proceso. Manuel Pampín tiene una explicación: “Siempre se tratará de sobrevivir y de apoyar un proyecto familiar propio: la construcción de un catálogo. Desde los años 90, grandes editoriales nacionales fueron absorbidas por esos pulpos acaparadores. Sin embargo, seguimos de pie y ampliando nuestros horizontes porque entiendo que supimos reaccionar y repensarnos ante cada coyuntura mediante diferentes estrategias de resistencia».

Y agrega: «Nuestra apuesta se basa en un compromiso real con la cultura argentina y latinoamericana que apunta a la bibliodiversidad. Tenemos una lógica diferente de publicación, otro modo de pensar el libro y la gestión editorial y eso marca una diferencia para los lectores”.

Manuel Pampín y sus hijos frente al stand de Corregidor en la Feria del Libro de 2017.

Manuel Pampín y sus hijos frente al stand de Corregidor en la Feria del Libro de 2017.

Además de editora, Fernanda Pampín es directora de publicaciones en Clacso e investigadora en la UBA y señala la continuidad del proyecto latinoamericanista que viene desde inicios de la década del 70 (incluso con la creación de la revista Latinoamericana): “Profundizamos la línea con la colección Vereda Brasil, creada ya hace más de dos décadas, que es la única colección de literatura brasileña fuera de su territorio . Ampliamos la propuesta con colecciones de carácter más regional como Archipiélago Caribe o Vía México, y más recientemente con Puentes de Papel (infanto juvenil), Narrativas al Sur del Río Bravo, de literatura latinoamericana contemporánea, La Inteligencia Americana (clásicos latinoamericanos)”.

El olor de editor

Para Manuel, hay dos cosas que se mantienen en el oficio de la edición: “La primera tiene que ver con la intuición (lo que algunos denominan el olfato editorial) que sigue vivo en mis hijos al elegir autores que son desconocidos para el gran público o que aún no han saltado a la fama y en los que se perciben un enorme futuro literario”, apunta.

La segunda se vincula con la comunicación y el trato cercano con los autores: “Ellos no son un número más sino que forman parte, en general, de la familia de Corregidor. El resto del trabajo ha cambiado muchísimo”, asegura.

Manuel Pampín.  Foto: Augusto Gasman.

Manuel Pampín. Foto: Augusto Gasman.

A la lista de su padre, Fernanda suma otro elemento: “Con mis hermanos, Paula y Juan, nos interesa discutir las formas de pensar el oficio todos los dias, y trabajar para mejorar cualquiera de los aspectos que conlleva la publicación del libro. El trabajo en equipo incluso se percibe en alianza con otros y otros colegas del país y del extranjero. Esas líneas de colaboración son algo nuevo en la historia de la editorial”, cierra.

Dice Fernanda Pampín que se reconoce en la pasión por el libro. “Se lo debemos sin duda a él”, concluye.

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