una doble mexicana, el crimen de un bicicletero y la caída de nueve narco policías

una doble mexicana, el crimen de un bicicletero y la caída de nueve narco policías

El lunes 15 de febrero, cerca de las 23.30, dos hombres en moto llegaron al frente de una casa de Galán de Malta y Ortega, Villa Arrarás, General Rodríguez. Y no lo dudaron: patearon la puerta, entraron y no les importó que, delante de la persona a la que quizás matar, estuviesen su mujer (embarazada) y sus dos hijos, menores de siete años.

Uno de los hombres sacó su pistola 9 milímetros y disparó. José Gutiérrez (43), de oficio bicicletero, murió en el lugar. Recibió dos balazos.

La precariedad de la vivienda, y el hecho de que no han robado nada, llamó la atención de los investigadores. Y se convencieron despues de la declaracion de la viuda: «Le gritaban ‘¡¿dónde está la droga?, devolvela!»», contó.

A partir de ese dato, y gracias a las escuchas telefónicas ya un trabajo de investigación de más de dos meses, lograron esclarecer el crimen y detener a nueve policías bonaerenses. Pero la historia tiene un par de capítulos que la explican de principio a fin.

Gutiérrez era un adicto en recuperación. En el último tiempo, gracias a sus nuevas creencias religiosas, había dejado de consumir. Pero a principios de febrero se volvió a cruzar con su dealer.

Con los días, las reuniones en la bicicletería de Gutiérrez se volvieron normales. La confianza que los unía, la relación de cliente-vendedor y los varios amigos que tienen en común permitieron que el bicicletero viera algo que le valdría muy caro: en el auto del narco habia varios paquetes de kilos de cocaina. Y al igual que los sicarios que lo matarían más adelante, él tampoco lo dudó. Llamó a dos de sus amigos y les contó lo que creía que sería un gran negocio.

En los días siguientes Gutiérrez le habló al narco de un «amigo». Le dijo que estaba interesado en comprar cinco kilos de cocaína y se aseguró con el narco ganarse una comisión por el contacto, como suele hacerse en el ambiente.

Entonces, el narco y el «amigo» de Gutiérrez se juntaron a tomar café y hablar de negocios. Habrían acordado un pago de 30 mil dólares. A su vez, los dos amigos del bicicletero tomaron más café con tres policías de la Comisaría 6 de Moreno. El plan era hacer el denominado «falso operativo».

El gran día sería el 10 de febrero. Cerca del mediodía, y tal como habían pactado, el narco llegó al «punto» con los cinco kilos de cocaína. Lo acompañaba su pareja, en un auto. Los supuestos comprados también llegaron en horario. Habían elegido un lugar sin cámaras ni señal de telefonía celular, de la zona de Francisco Álvarez.

Cuando se iba a efectuar el pago, la sorpresa. Más que nada para el narco y su mujer: apareció un móvil policial del que se bajaron dos policías. Ocurrió lo típico de este tipo de situaciones, lo que cualquiera imaginaría: el narco, su mujer y los cinco kilos subieron al móvil y los compradores se fueron en el auto que habían llegado. Con los 30mil dolares.

Ya en la Comisaría 6, un tercer policía «escribió» lo que quiso. Habló de «maniobras evasivas» de los ocupantes del auto y de «la incautación de tres gramos de cocaína». Comunicaron el caso a la justicia, que dispuso la libertad de los demorados, ya que en ese contexto se utilizó de un caso de consumo personal. Lo que no quedó registrado, y que se confirmaría recientemente en la investigación post crimen, es que los dos grupos se repartieron el botín: 2,5 kilos de cocaína para los tres policías y 2,5 kilos para el grupo de Gutiérrez.

Pero faltaba más. Porque ese mismo 10 de febrero, después de «la reunión» en Álvarez y de las detenciones, sería el turno de «la mexicaneada de la mexicaneada»: cinco policías de Drogas Ilícitas de la Dirección Departamental de Investigaciones (DDI) de Moreno interceptaron el Chevrolet en el que iban los dos amigos de Gutiérrez, con la cocaína.

«A esta altura ya no nos sorprende nada de lo que ocurre en el Conurbano. Lo que menos te imagines, lo vemos en el día a día. Y hay que contextualizar: Moreno y General Rodríguez son dos partidos muy particulares. Después de Rosario, Moreno tiene la tasa de homicidios más alta del país», cuenta uno de los investigadores.

«Creemos que un policía de Álvarez que se quedó afuera del negocio delató a los del Chevrolet»agrega.

En la dependencia de la DDI hicieron lo mismo que en la Comisaría de Moreno. Comunicaron el arresto de los dos hombres y notificaron la incautación de tres gramos de cocaína. Para el que leyó el documento, los detenidos seguramente vendrían de comprarle dosis a un dealer. Y no de estafar a un narco. Por eso fueron liberados rápidamente.

Cinco días después, el 15 de febrero, y sin sus cinco kilos de cocaína, el narco menos el homicidio de Gutiérrez. Desde la madrugada del jueves, tras los allanamientos, quedó prófugo de la justicia. No estaba ni en su domicilio ni en el de sus suegros. A los que sí encontraron fue a los policías bonaerenses.

Son el capitán Abel Ramón Acosta, la oficial Principal Gabriela Noemí Ibarra, el sargento Leonardo Fabián Biotti, el oficial Juan Eduardo Vieira, el oficial Alexis Abel Romero, el subteniente Sebastián Eduardo Perín, el suboficial alcalde Ángel Rufino Morales, el oficial ayudante Claudio Sebastián Branchi y el subteniente Darío Roberto Torres. Tres de la Comisaría 6 de Moreno-Francisco Álvarez y el resto de la DDI de Moreno. En uno de los domicilios de un policía secuestraron marihuana y un arma calibre .22. no registrada.

«La cocaína debe haber sido colocada. Pasaron más de 60 días», opina otra fuente judicial.

Se los acusa de «robo agravado por ser cometido en poblado y en banda, por el uso de arma y por ser integrantes de una fuerza de seguridad en concurso real con falsedad ideológica de documento público y tenencia de estupefacientes con multas de comercialización».

La oficial Principal Gabriela Noemí Ibarra, una de las detenidas, era jefa del Gabinete de Investigación antidrogas. Es hija de Alberto Daniel Ibarra, comisario jubilado y hasta este jueves subsecretario de Seguridad del Municipio de General Rodríguez. Renunció debido al arresto de su hija.

Solo uno de los policías optó por declarar. «Es el más nuevo de todos. El de menos implicancia», cuenta una fuente de la investigación. Hasta el momento hay dos prófugos. De la investigación participó la UFI 10 de Moreno, personal de la Superintendencia de Investigaciones Federales de la Policía Federal (PFA) y la División de Investigaciones Complejas de la Fiscalía General del Departamento judicial Moreno-General Rodríguez.

GL

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