¿joya cultural o vergüenza nacional?

¿joya cultural o vergüenza nacional?

Pocos compositores inspiran una mezcla de precio y repulsión como Ricardo Wagner (1813-1883). Especialmente en Alemania –donde su obra se entiende como una combinación de alegría cultural nacional y vergüenza política nacional– la producción musical del compositor está cargada de significado e interpretación.

Junto a sus dramas operísticos, el legado de Wagner incluye escritos políticos antisemitas y nacionalistas, y la dictadura nazi utilizó sus obras musicales como símbolo de la cultura alemana pura que esperaban fomentar. hitler era asiduo concurrente del festival Wagner en Bayreuth, donde los descendientes del compositor lo recibieron calurosamente, y el régimen utilizaba la música de Wagner en mitines y actos oficiales.

«No es posible una representación bella e ingeniosa de una ópera de Wagner en Alemania», sostiene Michael P. Steinberg, historiador cultural de Brown University en EE.UU.. que, en colaboración con Katherina J. Schneider, curó recientemente una exposición sobre el compositor en el Deutsches Historisches Museum de Berlín.

«Es imposible.» Inaugurada el 9 de abril, la muestra, Richard Wagner y la nacionalización del sentimiento, estará abierta hasta septiembre. Se trata de la primera exhibición dedicada a un compositor en el museo nacional de historia de Alemania y explora la relación entre la visión política de Wagner y su producción artística y su influencia.

La muestra presenta objetos prestados de colecciones de toda Europa, así como artefactos de la propia colección del Deutsches Historisches Museum.  Crédito Museo de Historia Alemana;  David Von Becker/NYT

La muestra presenta objetos prestados de colecciones de toda Europa, así como artefactos de la propia colección del Deutsches Historisches Museum. Crédito Museo de Historia Alemana; David Von Becker/NYT

«Si Wagner hubiera escrito sólo sus 3.000 páginas de prosa seria grabado como un chifladoun pensador maníaco de segunda categoría», dice Steinberg.

En cambio, añade, se lo recuerda sobre todo por el corpus de dramas musicales que lo apagaron «sin duda en el compositor más transformador de mediados del siglo XIXsin el cual no se puede entender la música artística europea posterior a él».

Wagner fue un «técnico de las emociones», sostiene el historiador, que orquestó experiencias colectivas de sentimiento que incrustaron sus ideas en su obra artística. Eso significa que la música y la política envenenada no pueden separarse, menciona Steinberg.

Richard Wagner, figura polémica.

Richard Wagner, figura polémica.

«Las ideas aparecen en el escenario de forma subliminal», agrega, «a través de mundos de sentimiento que se transmiten mediante la música y el texto».

Por este motivo, katherina schneider y él organizó la muestra de acuerdo con una serie de emociones a través de las cuales considera que se puede entender el legado del compositor: desde la marginación que sintió como revolucionario de la década de 1840, al sentido de pertenencia a medida que empezó a ser aceptado institucionalmente, hasta el eros que caracteriza la seducción de su obra, y, por último, la aversión y el odio que animaban sus prejuicios

Estos sentimientos, señalaron los curadores, eran «nacionales» porque la popularidad de la música de Wagner contribuyó a que se incorporaran a la conciencia nacional alemana, especialmente tras la unificación del país en 1871.

“Durante el descanso”, una representación de Richard Wagner Festspielhaus en Bayreuth por Gustav Laska, 1894. Crédito Nationalarchiv der Richard-Wagner-Stiftung, Bayreuth - Leihgabe der Oberfrankenstiftung, Bayreuth/ NYT

“Durante el descanso”, una representación de Richard Wagner Festspielhaus en Bayreuth por Gustav Laska, 1894. Crédito Nationalarchiv der Richard-Wagner-Stiftung, Bayreuth – Leihgabe der Oberfrankenstiftung, Bayreuth/ NYT

Para sustentar su sostenido, Steinberg y Schneider han reunido objetos prestados por colecciones de toda Europa así como piezas de la colección propia del Deutsches Historisches Museum, y los han combinado con videoclips de interpretaciones, puestas en escena y entrevistas con artistas wagnerianos notables.

También encargaron una nueva instalación de audio a Barrie Kosky, director de la Komische Oper de Berlinacuyo judaísmo es parte importante de su identidad artística.

«Exorcismo publico»

Kosky ha dedicado los últimos años a lo que él llama «exorcismo cultural público» de sus demonios personales asociados a Wagner, explorando el antisemitismo del compositor mediante una serie de aclamadas producciones que culminaron con una puesta en escena de Die Meistersinger von Nürnberg (Los maestros cantores de Nuremberg) en Bayreuth, que terminó con el compositor literalmente en juicio.

Daniel Barenboim.  El argentino, que dirige la orquesta estatal de Berlín, opinó en el marco de la polémica sobre el valor de la obra de Wagner.  / Foto: AP

Daniel Barenboim. El argentino, que dirige la orquesta estatal de Berlín, opinó en el marco de la polémica sobre el valor de la obra de Wagner. / Foto: AP

El Su punto de partida para la instalación, según cuenta, fue el tristemente célebre ensayo de Wagner El judaísmo en la música.

El ensayo, una perorata antisemita que arguye que los compositores judíos sólo pueden imitar y nunca crear de verdad, también se detiene en el odio visceral del compositor hacia la «voz» judía.

Reivindicando que la música artística surgió de culturas folclóricas basadas en la raza, Wagner describe la música folclórica judía como «gorjeo, gluglú tirolés y cacareo que confunde los sentidos».

Kosky asegura que ha escuchado ecos de esos sonidos odiados en la música compuesta para personajes de Wagner que encarnan arquetipos antisemitas: el crítico pedante de Die Meistersinger von Nürnberg, por ejemplo, o los enanos sedientos de oro en el ciclo del Anillo.

La entrada a la instalación de Barrie Kosky “Schwarzalbenreich” en un capítulo de la exposición llamado “Ekel” (“Disgusto”).  Crédito Museo de Historia Alemana;  David Von Becker/NYT

La entrada a la instalación de Barrie Kosky “Schwarzalbenreich” en un capítulo de la exposición llamado “Ekel” (“Disgusto”). Crédito Museo de Historia Alemana; David Von Becker/NYT

La instalacion sonora de Barrie Kosky tiene lugar en una pequeña sala oscura del museo. Los visitantes escuchan grabaciones mezcladas de música de sinagoga, fragmentos de grabaciones antiguas en los que intervienen personajes «judíos» de Wagner y frases de El judaísmo en la música, leídas por una mujer en yiddish. Kosky califica al efecto de «deliberadamente náuseasbundo».

Dice además que seguiría dirigiendo dramas musicales del compositor, aun cuando hubiera antisemitismo en ellos. Tras completar su «exorcismo», manifiesta que se siente personal y artísticamente libre para abordar la obra del compositor desde nuevas perspectivas.

«Es la combinación de las cosas —la música, el texto y la especificidad cultural de lo que utiliza— lo que hace que la obra de Wagner sea para mí tan profundamente problemático y fascinante«, explica Kosky.

Mark Berry, que dirige el departamento de música del Royal Holloway College que integra la Universidad de Londres y es autor de numerosas publicaciones sobre política y religión en la obra de Wagner, opina que en los intentos alemanes de reconciliarse con el pasado del país el compositor se ha convertido en una especie de chivo expiatorio.

Es como si la culpa de las consecuencias asesinas del antisemitismo alemán, asocia el especialista, pudiera atribuirse a un hombre que murió mucho antes de que los nazis llegaran al poder.

«Claramente, en el pensamiento de Wagner hay elementos nacionalistas románticos», reflexiona Berry, «como los hubo en casi todos los artistas alemanes de la época. Sin embargo, si se observan los escritos teóricos del famoso músico, es categórico al afirmar que la época de las características nacionales en el arte ha terminado, que esa época debe ser de universalismo artístico».

Adolfo Hitler junto a Winifred Wagner, esposa del compositor alemán.  Foto DPA.

Adolfo Hitler junto a Winifred Wagner, esposa del compositor alemán. Foto DPA.

Sí, indica Berry, había tropos antisemitas en los dramas musicales de Wagner y política antisemita en sus ensayos. Pero, advierto, eso no hace que la música en sí misma sea antisemita, ni Wagner fue el principal conductor por el que el antisemitismo adquiri prominencia en el estado de animo nacional aleman, y la base de la política estatal genocida.

el argentino daniel barenboimuna de las figuras judías más destacadas de la música clásica en Alemania y director musical de Staatsoper Berlin (la Ópera Estatal de Berlín), ha escrito que Wagner difícilmente puede ser considerado «responsable del uso y abuso que Hitler hizo de su música y su visión del mundo».

El argentino Daniel Barenboim ha escrito que Wagner difícilmente puede ser considerado «responsable del uso y que Hitler hizo de su música y su visión del mundo».

El director orquestal y pianista se negó a ser entrevistado, pero en un artículo publicado en su sitio web se refiere al compositor germano como «antisemita virulento de la peor clase cuyas declaraciones son imperdonables».

Richard Wagner (1813-1883), compositor y dramaturgo alemán.  Foto Archivo Clarín

Richard Wagner (1813-1883), compositor y dramaturgo alemán. Foto Archivo Clarín

En ese artículo, Barenboim, que en octubre dirigirá en Berlín una nueva versión del Anillospregunta: ¿Por qué permitir que Hitler tenga la última palabra sobre Wagner? cuando tantos artistas judíos —cantantes, conductores de orquesta, directores— han hecho carrera con la obra de este autor y su trabajo ha inspirado a tantos compositores judíos?

Ese mismo ensayo se inicia con una meditación sobre la escena de la tormenta que abre la ópera wagneriana Die Walküre (La valquiria), en la que Barenboim expone la estructura precisa, casi matemática, a través de la cual Wagner esboza la sensación de estar en un bosque durante una tormenta de nieve, y las emociones de un forastero alienado que huye.

Las frases se inflaman y decrecen antes de una explosión sonora de los instrumentos de viento y los metales y un abrupto redoble de los timbales. En el público, el corazón da un vuelco. Son estas las técnicas con las que Wagner manipula la emoción: a escala de una frase, de una melodía, de una ópera, o de una nación.

Los New York Times

Traducción: Román García Azcárate

VA​/PC

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