Exconejita playboy confiesa el infierno que fue vivir en la mansión Playboy

Exconejita playboy confiesa el infierno que fue vivir en la mansión Playboy

Holly Madison contó que para vivir en la casa del magnate estadounidense había que acostarse con él.

La exconejita Holly Madison, que fue novia del fundador de la revista PlayboyHugh Hefner, reveló cómo era la sórdida vida dentro de la conocida mansión del magnate estadounidense.

En el podcast «Call Her Daddy», Madison, que ahora tiene 41 años, narró que ella acabó en la mansión porque estaba en un momento de crisis en el que no encontraba trabajo ni sustento en Hollywood.

En ese entonces, algunas de las chicas que ya vivían en la casa, a las que conoció, la invitaron a pasar unos días allí.

Entre las perlas que reveló, está la afirmación de que solo se podía conseguir una habitación si antes habías pasado por la cama de Hefner.

Hugh Hefner con Bridget Marquardt (a la izquierda) y Holly Madison (a la derecha). Foto: AFP

«No estoy tratando de avergonzar a nadie ni nada por el estilo, pero nunca se le pidió a ninguna chica que se mudara allí a menos que se hubiera acostado con él».

La primera noche

Sobre su primera noche de sexo con el octogenario empresario, recordó qué se le pasó por la cabeza: «Pensé: ‘De acuerdo, lo he hecho. He sobrepasado mis propios límites’ y no me sentía cómoda con ello».

Hefner nunca «complacía» a las mujeres y principalmente «se acostaba boca arriba mientras ellas hacían la mayor parte del trabajo», detalló la modelo estadounidense.

En su primera noche de fiesta, siempre según el relato de la exconejita, Hefner le ofreció una droga médica a la que se refirió como «abridora de muslos». Aunque Holly la rechazó, dijo que vio a Hefner «repartirla durante años».

«Estaba en una situación desesperada y ya había pensado que vivir en la mansión sería una solución a mis problemas», manifestó.

«Creo que sentí que si me fuera esa noche y nunca regresara, me habría sentido realmente usada y realmente masticada y escupida», detalló.

Y aseguró que acabó pasando por el «rito» de tener sexo con Hefner en la primera noche que durmió en la famosa mansión.

Holly Madison definió su estancia en la mansión como «una especie de síndrome de Estocolmo en el que sentí que me identificaba con él y comencé en mi mente a culpar de todos los demás problemas a las otras mujeres».

Esta es mi casa, y estas son sus normas

Como explica Madison, una llega a ser una conejita Playboy casi por accidente, pero luego resulta tremendamente complicado abandonar dicha cárcel diseñada para el esparcimiento de Hefner y sus amigos. La joven conoció al célebre erotómano cuando trabajaba en Hooters, uno de esos célebres tetaurantes, y apenas contaba con 20 años. Una noche sus caminos se cruzaron. Hefner le ofreció quaalude (metacualona) –la droga que popularizó El lobo de Wall Street, la película sobre Jordan Belfort–, una cosa llevó a la otra y Madison terminó en la cama con él, que por aquel entonces la sacaba 56 años. No hubo nada de romanticismo en esa primera relación sexual. Simplemente, “fue tan breve que no me acuerdo de nada más que de tener un cuerpo pesado encima mío”.

No obstante, por aquel entonces, a la joven le pareció una situación curiosa, divertida y un tanto picante. Como contó Jill Ann Spaulding en su libro Upstairs (publicado en 2004), si una de estas conejitas quiere ascender a ser su novia principal –como ocurrió brevemente con ella–, debe practicar sexo oral sin protección con Hefner. Apenas un par de años después, Madison estaba tan harta que había pensado en suicidarse. No sólo se había convertido en una especie de esclava sexual, sino que las reglas de la casa eran intolerables. Para empezar, las chicas tenían que volver a casa antes de las nueve de la noche si no salían con Hefner. Además, debían ocultar a sus novios –nada de llevarlos a la mansión, por supuesto– y no podían buscarse otro trabajo fuera de la casa.

Las conejitas de la mansión recibían su paga de manos de Hefner cada viernes, una vez que este había limpiado los excrementos dejados por los perros en su alfombra. A cambio de los 1.000 dólares semanales, el dueño de la mansión se veía con la potestad de quejarse de todo aquello que cada una de sus inquilinas hacían mal, a menudo su falta de predisposición sexual, a veces sus discusiones con otras conejitas, como explicó Izabella St. James enBunny Tales: Behind Closed Doors at the Playboy Mansion (Running Press).

Holly recordó que Hefner le decía que era «realmente especial». Y cuando quien era la «novia principal» de Hefner se fue de la casa, ella pasó a ocupar ese puesto honorífico, lo que le trajo problemas con otras seis chicas que vivían allí.

Compitiendo por hacerse un hueco en la mansión

Según Madison, el funcionamiento habitual de la mansión es el siguiente. En primer lugar, captación de jóvenes desorientadas, de entornos rurales y “vulnerables”. Casi ninguna de ellas supera los 28 años (y, por supuesto, parecían mucho más jóvenes). A continuación, una perversa dinámica que provocaba que las conejitas compitiesen entre sí. “Siempre me puso muy nerviosa la fascinación de Hef por las mujeres extremadamente jóvenes”, explica en el libro. “Estaba obsesionado con que aparentasen ser tan jóvenes como era humanamente posible”. Por esa razón, Hefner tenía una cuenta abierta en una peluquería de Beverly Hills a la que sus inquilinas podían acudir para cortarse el pelo, maquillarse o retocarse lo que quisieran cuando quisieran. Además, todos los baños de la vivienda tenían vaselina, aceite de Johnson’s Baby y kleenex. Por lo que pudiese ocurrir.

Holly recordó que Hefner le decía que era «realmente especial». Y cuando quien era la «novia principal» de Hefner se fue de la casa, ella pasó a ocupar ese puesto honorífico, lo que le trajo problemas con otras seis chicas que vivían allí.

«Todas se volvieron contra mí no mucho después porque Hef se dio cuenta de que podía usar mi buen comportamiento como comparación con las otras chicas», recordó.

Y sumó: «¿Por qué no puedes comportarte como Holly? Entonces me odiaron. Ellas decían, saquemos a esta perra de aquí -detalló la exconejita-. Fue realmente despiadado, nadie se llevaba bien, todos intentaban delatar al otro».

Sentimientos y recuerdos

La modelo fue durante siete años una de las parejas oficiales de Hefner, pero en el 2008 tomó la decisión de marcharse porque estaba harta de los cambios de humor de su novio.

También sabía que con él no podría cumplir su deseo de ser madre debido a su avanzada edad. «Gracias a Dios» no llegamos a tener hijos, recordó aliviada.

También confesó que tenía pensamientos suicidas a veces en la mansión y que le administraron antidepresivos por lo que con el paso del tiempo notó que comenzó a tartamudear y que su «cerebro iba más lento».

Madison dejó la mansión cuando empezó a salir con Criss Angel. «Cuando dejé la mansión, fui absorbida por otra relación que fue realmente mala«, se lamentó.

Cuando se convirtió en la "novia oficial" de Hefner, comenzó a tener problemas con las otras chicas de la mansión.

Cuando se convirtió en la «novia oficial» de Hefner, comenzó a tener problemas con las otras chicas de la mansión.

Hefner murió en el 2019 a los 91 años. Pocos años antes publicó un libro de memorias en el que acusaba a mujeres como Madison de «reescribir la historia en un intento por mantenerse en el centro de atención».

Este relato de Holly Madison choca con la visión que han ofrecido otras antiguas inquilinas de la mítica vivienda de Hugh Hefner.

Por ejemplo, su viuda, Crystal, lo definió en el último aniversario de su muerte como un hombre amable y generoso que le abrió al mundo las puertas de su hogar.

Pamela Anderson, una de sus grandes musas, aseguró que su etapa residiendo en el número 10236 de Charing Cross Rd. fue lo más parecido a una formación universitaria que ha recibido nunca.

¿Te gusto el artículo? Compártelo

Publicaciones Relacionadas

La intimidad no debería doler

El coito no debe doler. Siempre me sorprende la cantidad de pacientes míos que han sufrido algún tipo de dolor durante años durante las relaciones